Las emisiones de monóxido y dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre, plomo, metano, compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos y partículas minerales en suspensión de los tubos de escape generan la mayor parte de la contaminación atmosférica urbana así como de gases de efecto invernadero.
En Catalunya, el sector del transporte es el consumidor más importante de Energía final, con casi un 40% del total.
Otros aspectos a tener en cuenta son el consumo de recursos energéticos no renovables
– los combustibles fósiles
- el impacto sobre el territorio por la construcción y ampliación de las vías, los residuos, la contaminación debida al ruido, así como también los accidentes de tránsito.
Las consecuencias por el medio ambiente y la ciudadanía son diferentes en función de cada impacto. Las emisiones de gases como CO2 u otros gases con efecto invernadero (GEI) son responsables del cambio climático, mientras que las de óxidos de azufre y nitrógeno originan la lluvia ácida.
Al mismo tiempo la contaminación atmosférica a las ciudades afecta nuestra salud, principalmente la de los más sensibles: los bebés, la gente mayor y las personas con enfermedades respiratorias.
Por otra parte, la contaminación acústica es uno de los principales factores de pérdida de calidad de vida a la ciudad y está relacionada con muchas afectaciones: enfermedades cardiovasculares, pérdida de oído, alteraciones del sistema nervioso (estrés, irritabilidad, tensión...), fatiga .... A nivel territorial las infrastructuras de transporte afectan de forma diversa al territorio: además de la misma destrucción de espacios naturales las conexiones existentes entre ellas pueden quedar muy malogradas. Esto revierte en una pérdida de calidad de los ecosistemas próximos que se van degradando progresivamente.
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